
Más tarde que temprano me encuentro frente a mí y me doy cuenta de cuán nadie soy. De lo equivocadas que suenan mis palabras al salir de mi boca.
Me cambian por cubos de hielo, me dicen lo mismo que a ella.
Me dice lo mismo que a ella le dijo, me escucha de la misma forma que la escuchó a ella.
Me escribe en códigos reciclados, me mira con los mismos ojos.
Soy tan nadie y me voy destruyendo con cada mirada propia, me quiero volver tierra.
Me quiero esconder en un adios profundo, me quiero tragar los químicos hasta desaparecer.
No me importa, no me importa. Soy lo que queda de lo que fui, soy quien es tercera opción de los últimos pensamientos.
Reina omnipotente, majestuosa de la nada, baila para nosotros y llénanos de licores verdosos, de caminos sedosos, de aromas filosos. Soberana de los descorazonados, recuérdanos día a día que existes para omitirte, que hablar para no oírte, que éres desecho de pesadillas ajenas, que cambias como el clima en primavera, que no quieren verte.
Me escribe lo mismo, me dice lo mismo, escucho lo mismo, entiendo nada. No quiero más, porque no me importa, no me importa porque no quiero más.
Ven e inténta descongelarme, usa la misma técnica que usaste con ella. Yo sé, porque no soy primera, soy tercera opción de los desesperados momentos.
No tengo tiempo y el pelo se vuelve blanco de dolor, me marca el camino a la impresión de verme al espejo, deshecha, significando vacío, derramando ira. Monarca absoluta de barbilla enaltecida y cabellos eternos, alabanzas a los gritos, aplausos a los muertos.
No vengas más, porque no estaré y te advierto que si me encuentras ya no seré, tendré que dejarte una nota con las mismas palabras que ya he ocupado, con las mismas miradas que ya se han gastado, a ver si ésta vez entiendes que se me acabo el camino.